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La casa de Gran Hermano se está convirtiendo, poco a poco, en una casa de los líos que puede saltar por los aires un día de estos.
La entrada de un matrimonio en la casa sólo ha llevado a que el espectador vea con más morbo, si cabe, la edición de este año. Aún así aguantan los envites y los embistes por parte del marido quizás no tarden mucho en llegar.
Igualmente sucede con los chulitos de playa que, un año más, han metido en el concurso. Los picaflores que se rodean de chicas que les alaban en un alarde más de poca o nula inteligencia.
También las hay que van de freakies y en realidad están concursando como los demás. Mejor dicho, por no ser no son todavía ni concursantes, están haciendo el coca-cola para mofa del resto del país.
En fin, a ver en qué termina todo esto (si es que termina) y a ver si nos siguen ofreciendo un espejo de la condición humana, que, al fin y al cabo, ahí radica el éxito del programa. Que gane el mejor.
Imagen: Lo que me sale del bolo.












